★, 2016: sesiones Magic Shop, banda de McCaslin, diez minutos que abren la puerta
Blackstar abre el último álbum de estudio de David Bowie, publicado el día de su 69 cumpleaños, el 8 de enero de 2016, vía ISO/Columbia. El tema homónimo dura cerca de diez minutos: dos secciones principales, métricas que cambian y una banda liderada por el saxofonista Donny McCaslin con Mark Guiliana a la batería, Tim Lefebvre al bajo y Ben Monder a la guitarra. Tony Visconti coprodujo. Las sesiones fueron sobre todo en el Magic Shop de Nueva York, con trabajo adicional en Human Worldwide. Desde los primeros compases oyes que esto no es el rock de guitarras de The Next Day. Es art-rock encontrándose con el jazz downtown, escrito en forma larga que rechaza el mapa radio de tres minutos.
Bowie mantiene la voz seca y cercana; el saxo de McCaslin lleva motivos que funcionan como ganchos sin convertir la pieza en un edit. La letra gira en torno al ritual, la fama y una figura «blackstar» sin contar una sola trama. El arreglo deja espacio a la improvisación dentro de una forma escrita: la batería de Guiliana cambia de feel, el bajo de Lefebvre se mantiene elástico, la guitarra de Monder colorea en vez de saturar. Puedes seguir las secciones cuando ya las esperas, pero el placer está en lo limpio que la banda cambia de temperatura sin perder la voz de Bowie en el centro.
Johan Renck dirigió el cortometraje: botones por ojos, un astronauta muerto, un pueblo de ritual. El estreno de audio se ligó a The Last Panthers de Sky Atlantic. Tres días después de la salida del álbum, Bowie murió en Nueva York. Visconti llamó después al disco un regalo de despedida; el tema de apertura es la puerta que abres primero. Quienes llegaron después del 10 de enero de 2016 oyen inevitablemente un adiós en la duración y las imágenes. Los músicos de la sesión tocaban una apertura escrita y ambiciosa, aún no una elegía, y esa honestidad de oficio sigue siendo lo que hace que los diez minutos agarren.
Something happened on the day he died.
(Letra, Blackstar, ★, ISO/Columbia, 2016)

Como declaración de longitud single, Blackstar nunca se pensó para la radio de tres minutos. Como apertura de álbum, fija la regla de lo que sigue: formas largas, jazzistas e imágenes que se niegan a explicarse hasta que el resto del disco, y la noticia del 10 de enero, llenan el marco. Crítica y fans lo trataron como la llave del ciclo, no como una epopeya bonus aparcada al frente.
Diez minutos. Una puerta. Sin aterrizaje suave. Dale al play por el primer motivo de McCaslin, y quédate a ver cómo la segunda sección reordena la sala sin descartar la primera. Esa arquitectura paciente explica por qué el tema sigue abriendo escuchas profundas del último álbum de Bowie: jazz-rock con una trama que nunca dice del todo su nombre, y una voz que se mantiene íntima mientras la banda se ensancha.