El himno, frenado sobre un one-drop de Kingston
En enero de 1979, en Dynamic Sounds, Kingston, Serge Gainsbourg no canta exactamente La Marsellesa: se instala en ella. La batería de Sly Dunbar se queda atrás. El bajo de Robbie Shakespeare marca los cambios. La llamada de Rouget de Lisle llega como un canto, no como una marcha. Las sesiones van del 12 al 24 de enero. Produce Philippe Lerichomme. Geoffrey Chung está en la mesa, con Philip Ziadie de asistente. El tema que se llevan se llama Aux armes et caetera.
La sala es una banda de reggae, no una orquesta francesa. Con Dunbar y Shakespeare están Michael «Mao» Chung a la guitarra y al piano, Radcliffe «Dougie» Bryan a la guitarra rítmica, Uzziah «Sticky» Thompson en la percusión, Ansel Collins al órgano y Robbie Lyn al piano. Las voces de apoyo son las I-Threes: Rita Marley, Marcia Griffiths y Judy Mowatt. Philips publica el disco, el decimotercer álbum de estudio de Gainsbourg, a principios de la primavera de 1979. Es la primera vez que un cantante blanco graba un álbum entero de reggae en Jamaica, después de temas sueltos como Mother and Child Reunion de Paul Simon o Peter Tosh con Mick Jagger. Gainsbourg quería una sesión dub, un sonido dread, y contrató a quien sabía tocarlo. Su voz funciona porque está más cerca de un canto hablado que de la canción orquestal por la que se le conocía.
El tema que da título al disco conserva la letra de Rouget de Lisle y sustituye el paso militar por el arreglo reggae de Gainsbourg. El «et caetera» es el encogimiento de hombros del título: a las armas, y el resto en suspenso. En Francia el disco no se queda en curiosidad de estudio. Michel Droit, en Le Figaro, lo ataca como una profanación y empuja el argumento hacia la condición judía de Gainsbourg. El ruido ayuda. El álbum se convierte en disco de platino en unos meses. En 1991 había vendido unas 650.000 copias en Francia. Años después, la edición francesa de Rolling Stone lo sitúa entre los grandes álbumes del rock francés.
Soy un insumiso que le ha devuelto a La Marsellesa su sentido original.
(Serge Gainsbourg, Hall Rhénus, Estrasburgo, 4 de enero de 1980)

La frase de arriba pertenece a la noche en que la gira choca con la reacción. El 4 de enero de 1980, en el Hall Rhénus de Estrasburgo, una amenaza de bomba vacía el hotel donde se alojan los músicos jamaicanos. Paracaidistas con boina roja ocupan las primeras filas con panfletos contra el himno reggae. Jane Birkin quiere cancelar. Los músicos, ya nerviosos, no van a tocar. El promotor Harry Lapp recordará después a Gainsbourg diciendo que no piensa rajarse delante de unos soldados borrachos. Aun así escucha a Birkin, manda a la banda hacia Bruselas, sale solo y canta La Marsellesa original a capela, con el puño en alto. Los paras se cuadran. Él termina con un corte de mangas y se va. El concierto anunciado no se hace. El a capela sí, y la televisión francesa lo emite.
Lo que se oye en el disco es lo contrario de esa voz desnuda: una sección rítmica de Kingston que trata una marcha nacional como un groove. Las I-Threes le responden. El bajo no marcha. Si Estrasburgo hace visible el escándalo, el álbum es la apuesta musical, grabada en menos de dos semanas, y sigue siendo el disco que se saca cuando se discute de Gainsbourg y de Francia. Pon el tema del título por el one-drop. Quédate con Lola Rastaquouère si quieres a la misma banda en un humor menos ceremonial.