La noche en que el niño prodigio se hizo un cantante adulto
El 10 de agosto de 1979, Michael Jackson publica el primer álbum que suena a un hombre eligiendo su propio tiempo, no a un niño sujeto a la tonalidad de la familia. Off the Wall se abre con una confidencia hablada, casi una confesión al micrófono, y luego Don’t Stop ‘Til You Get Enough se lleva el techo con una alegría que también es una forma de disciplina. El beat no divaga. La voz sí, hasta un falsete que parece una buena noticia entregada en persona. Esto es disco, y funk, y una tradición de balada que se niega a avergonzarse de ninguno de los dos. Epic lo publica. Quincy Jones lo produce. La sociedad había empezado en la película The Wiz. El álbum es donde aprende a bailar.
Jackson llega con canciones propias: Don’t Stop ‘Til You Get Enough, Working Day and Night, y, con Louis Johnson, Get on the Floor. Rod Temperton, de Heatwave, escribe el tema que da título, Rock with You y Burn This Disco Out, tres lecciones de cómo un estribillo puede ser a la vez un gancho y una habitación. Paul McCartney manda Girlfriend. Stevie Wonder y Susaye Greene escriben I Can’t Help It. Tom Bahler escribe She’s Out of My Life, la balada donde la voz de Jackson se quiebra de un modo que ningún productor suele conservar, y Jones la conserva. Bruce Swedien está en la ingeniería en Allen Zentz, Westlake y Cherokee, salas de Los Ángeles afinadas para secciones rítmicas que tienen que sonar cerca, no enormes. Las cuerdas endulzan sin ahogar el bajo.
Cuatro sencillos llegan al top diez americano: los dos de apertura, la canción del título y la balada. Esa racha importa porque demuestra que el álbum no es una sola idea repetida con zapatos distintos. Rock with You es la brasa lenta, una canción de amor que confía igual en la caja de ritmos y en el susurro. Off the Wall es la noche fuera, jerga y cuerdas en la misma frase. She’s Out of My Life es la mañana siguiente, y no guiña. Entre ellas, Working Day and Night está casi enfadada con su propio groove, una queja de trabajador con la que se puede bailar, un viejo truco del soul que Jackson había estudiado con claridad.
We approached that record like we were going into battle.
(Quincy Jones, Los Angeles Times, 2009)
A veces se trata Off the Wall como el pasillo hacia Thriller. Es injusto con el pasillo, que ya es una casa. Thriller será más grande, más raro, más blindado. Este disco es aquel en el que la alegría todavía no tiene guardia. Jackson tiene veinte años. Lleva siendo famoso más tiempo del que algunos de sus músicos llevan siendo profesionales, y usa ese aprendizaje extraño sin dejar que lo endurezca. El baile está en la voz. Se oyen los pies aunque no se vean.
Ponlo cuando la sala esté tibia. El álbum entiende el placer como un oficio, no como un accidente: arreglos que dejan sitio para un aliento, un bajo que contesta, un cantante que sabe exactamente cuándo dejar de lucirse. La disco estaba a punto de ser declarada muerta por gente que necesitaba un titular nuevo. Off the Wall no recibió el aviso, o lo recibió y bailó de todos modos. El muro del título es todo lo que se suponía que lo iba a dejar de figurante en su propia vida. Lo deja atrás, y el paso va a tiempo.