Un chiste de gira que encontró un piano
El piano no golpea. Llega a pasos regulares, cortés y levemente amenazante, como si alguien oficial hubiera entrado en una habitación quieta. La voz de Thom Yorke se queda pequeña contra él, casi disculpándose, hasta que la armonía se inclina y la disculpa se corta. Karma Police, de OK Computer en 1997, tiene los modales de una balada y el instinto de una amenaza. Nada grita hasta el final, y el final ya no deja de zumbar.
El título era un chiste privado antes de ser una canción. En la carretera, cuando alguien en la órbita de la banda se portaba mal, los demás murmuraban que la karma police acabaría alcanzándolo. Jonny Greenwood ha contado esa historia sin adornarla. La música llegó después, durante las sesiones de OK Computer con el productor Nigel Godrich, entre su propio montaje de Canned Applause y las salas de piedra de St Catherine’s Court, en Bath. La figura de piano de Greenwood es toda la trama. La batería y el bajo, Phil Selway y Colin Greenwood, mantienen la cara seria. La guitarra de Ed O’Brien espera. Yorke canta como si el chiste se le hubiera vuelto en la mano.
A mitad de camino, la personalidad cambia, que es como él lo describió una vez. El piano cortés cede a una mancha de distorsión, una coda que suena a una máquina dejada encendida después de que el personal se ha ido. La letra nombra a los no nacidos, a los raros, a la gente que zumba como una nevera, y luego pide que esto pare. Es gracioso hasta que deja de serlo. El sencillo siguió al álbum en el verano de 1997, y el público aprendió el piano más rápido que la ironía.
Fue una muletilla de la banda durante un tiempo, de gira. Cada vez que alguien se portaba de una forma particularmente miserable, decíamos que la karma police acabaría alcanzándolo.
(Jonny Greenwood, Melody Maker)
La radio lo tomó por melancolía y se perdió la comedia de oficina. Yorke también lo ha llamado una canción contra los jefes, dedicada a cualquiera que trabaje para una gran empresa. Las dos lecturas caben, porque el chiste siempre fue sobre el poder y sobre la fantasía de que el poder recibe su castigo. En el escenario la coda se alarga, un himno de acople. En el estudio es más corta y más mezquina, una quemadura al borde de un arreglo por lo demás pulcro. OK Computer hizo enorme al grupo. Este tema es el que sigue sonando a cinco personas en una casa demasiado grande, divirtiéndose hasta que la diversión se queda pegada.
Lo que queda es la regularidad de esos pasos de piano. El karma, en la letra, no es mística. Es la esperanza de que una crueldad pequeña será facturada. El disco nunca demuestra esa esperanza. Solo toca el camino por el pasillo y luego deja que las luces fallen. Algunas canciones de protesta levantan el puño. Esta rellena un formulario y después le prende fuego.