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Walking on the Moon – The Police

Notas de bajo con clima entre ellas

El bajo enuncia una nota y luego deja un cañón. Andy Summers responde con una guitarra tan empapada de eco que parece llegar de la habitación de al lado, o de la órbita siguiente. La batería de Stewart Copeland va de puntillas, el reggae en las muñecas, el pop en la sonrisa. Walking on the Moon, de Reggatta de Blanc en 1979, es un éxito construido con ausencia. Sting canta como si el aire mismo fuera el arreglo. Nada se apretuja. El estribillo es un hombre asombrado de su propia ligereza, y la banda tiene la disciplina de dejarlo flotar.

La escribió borracho, ha dicho, en una habitación de hotel en Múnich después de un concierto, saltando y mascullando una línea sobre caminar alrededor de la habitación. Por la mañana el sinsentido seguía ahí. Cambió la habitación por la luna y conservó el paso. The Police la llevaron a Surrey Sound, en Leatherhead, Nigel Gray en la ingeniería y la producción con ellos, el mismo estudio pequeño que había sostenido su primer álbum. El espacio en la mezcla no es un efecto posterior. Es la composición. Los acordes de Summers son escasos a propósito. Copeland toca el contratiempo como un secreto. El bajo de Sting es el mueble y la vista.

El sencillo llegó al número uno en Gran Bretaña en el invierno de 1979, unos meses después de que Message in a Bottle hiciera lo mismo. Dos números uno, y el grupo seguía sonando a tres personas que se oían. El vídeo los puso en la nieve del Kennedy Space Center, una imagen obvia para una canción que no lo es. En directo, los huecos a veces se ensancharon más, Copeland adornando, Summers estirando el eco hasta que la luna parecía menos un chiste que un clima. La letra es una canción de amor que se niega a agarrarse. Los pasos de gigante son lo que das, y la música los da.

Estaba borracho en una habitación de hotel en Múnich, saltando y cantando walking round the room. Por la mañana lo cambié a Walking on the Moon.

(Sting, sobre la escritura, 1979)

Lo que el trío entendió, antes de que llegaran los estadios, es que el reggae les había enseñado la resta. Reggatta de Blanc se llama así por esa lección, una frase torcida para un reggae blanco, y este tema es la prueba más limpia. No hay una sección de cuerdas esperando a decirte qué sentir. Hay un bajo, un rimshot, un acorde que suena y muere. La voz de Sting es casi conversacional. El asombro está en los intervalos, no en el volumen.

Lo que queda es el valor de esos agujeros. Muchas bandas en 1979 añadían partes. The Police las quitaron hasta que un número uno pudiera tararearse desde sus silencios. Walking on the Moon sigue sintiéndose como salir de un pub ruidoso a una calle con demasiado cielo. La habitación de Múnich ya no está. El paso sí. Una nota, luego clima, luego la nota otra vez.

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