Studio Davout, el acordeón en la calle
A finales de 1988, Mlah salió del Studio Davout como un carnaval callejero que de pronto hubiera aprendido a llevar el tempo. El acordeón rozaba contra la trompeta, las palmadas respondían al bajo y las voces se amontonaban en estribillos a medio camino entre taberna y teatro. Les Négresses Vertes no barnizaban una escena: dejaban que París se filtrara en los micros, poesía de trapero, sombra magrebí, swing de musette y un rechazo punk a portarse bien.
Producido por Clive Martin y Sodi, el debut llegó a Delabel con catorce temas sin un solo pasaporte. «La Valse» abre con una elegancia sesgada; «Zobi la Mouche» convierte una mosca en himno pícaro, la voz a toda velocidad de Noël Rota cortando metales que se niegan a quedarse quietos. «Voilà l’été» extiende sol por la habitación, mientras «C’est pas la mer à boire» sonríe a la adversidad como si el groove fuera ya un arte de sobrevivir. Tres de los fundadores venían del circo ecuestre Zingaro; otro había sido payaso. Se oye ese pedigrí en cada tumbo y cada floreo.
Lo que hace perdurar Mlah no es un aderezo exótico vertido sobre rock francés. Es arquitectura. Los arreglos saltan de la confesión en solitario al grito colectivo desaliñado. Las melodías toman prestado de la guinguette y luego corren hacia algo cercano al gypsy punk antes de que la prensa inglesa tuviera un nombre limpio para ello. La banda tocaba como un barrio decidido a convertirse en orquesta, imperfecta a propósito, irresistible por oficio.
Las raíces culturales de este grupo están en parte en París, en parte en Argelia y España, con sanas dosis de influencia de Nashville y de la América urbana. A todo eso hay que sumar la teatralidad de la música de circo.
(Richard Foss, AllMusic)

La crítica británica y estadounidense lo notó incluso cuando la radio aún trataba el francés como una puerta cerrada. Los singles hallaron huecos de antena; el disco viajó porque el ritmo hacía de traductor. En Francia se volvió referencia para una generación que quería raíces sin nostalgia y fiesta sin desenfoque. Philippe Manœuvre lo situaría después entre los álbumes esenciales del rock francés: otra forma de decir que el carnaval había entrado en el canon.
Escúchalo otra vez y el arreglo sigue haciendo el trabajo: acordeón, metales, percusión barata y la voz de Helno cortando. Mlah no inventó el mestizaje parisino, pero fijó un sonido de banda que la escena alternativa francesa siguió sampleando y versionando. La imagen de carnaval en la portada es opcional. Las sesiones Davout son el hecho.