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The Prodigy – Smack My Bitch Up

Primero el estudio en Essex, luego una cámara vetada de día

En la primavera de 1996, The Prodigy ya no son un grupo de rave que las revistas de rock puedan ignorar. «Firestarter» ha llegado al número uno en Gran Bretaña. Keith Flint, con dos mechones teñidos en punta y un grito en un paso subterráneo, sale en las noticias. Liam Howlett hace después The Fat of the Land sobre todo en Earthbound, su propio estudio en Braintree, Essex. XL Recordings publica el álbum en el Reino Unido el 30 de junio de 1997. Maverick lo saca en Estados Unidos al día siguiente. Entra en el número uno en los dos países.

«Smack My Bitch Up» está en ese disco y sale como sencillo en noviembre de 1997. Llega al número 8 en el Reino Unido. Howlett lo produce y lo programa. La frase del título es un fragmento de «Give the Drummer Some», de Ultramagnetic MCs, un disco de hip-hop de 1988. La línea cantada sin palabras es de Shahin Badar, grabada para este tema, no sacada de una película vieja. Bajo esas dos voces la batería va rápida y la frase de bajo se repite. Flint y Maxim Reality son las voces y las caras en el escenario. Leeroy Thornhill baila. Howlett se queda con las máquinas. El sencillo es su construcción.

El vídeo, dirigido por Jonas Åkerlund, está rodado como si la cámara fueran los ojos de alguien en una noche por Londres: alcohol, drogas, una pelea, sexo, y un plano final que muestra quién sostenía la cámara. MTV no lo pone de día. El disco ya está en las tiendas. Howlett dice a los periodistas que el título usa una frase de argot para hacer algo al límite, no un manual. Esa explicación no impide que grupos de mujeres, ni parte de la prensa, oigan las palabras tal como están. Las dos cosas forman parte del lanzamiento: la defensa por el argot, y la lectura directa que restringe el clip.

Venimos de la escena rave, de cuando la gente ni siquiera sabía qué era eso. La prensa no podía tocarlo. Tardaron cinco años en conseguir la foto de un tipo con sudadera con capucha y creer que lo habían entendido.

(Keith Flint, sobre la prensa y los años rave)

Lo que dice Flint va del calendario. El grupo llevaba años tocando en almacenes antes de que «Firestarter» le diera una cara a los periódicos. «Smack My Bitch Up» llega cuando esa cara ya es famosa, así que la discusión es más fuerte de lo que habría sido en 1992. La música no cambia para responder a la discusión. El sencillo sigue siendo la grabación de Essex: una frase tomada de otro disco, la voz de Badar y una pista de batería hecha para llenar una sala grande.

Quien quiere la serie de éxitos del álbum suele entrar por «Firestarter» y «Breathe», y luego por este tema. Es el que muestra hasta dónde empuja Howlett una frase, y lo rápido que un vídeo puede salir de la televisión normal, mientras el disco se queda en The Fat of the Land y en la lista.