Una canción de amor que aprendió a correr
La intro es una persecución ya empezada, dos guitarras trabadas en una figura que parece bajar una cuesta negándose a caer. Luego la voz de Dave Grohl entra más baja que el riff, casi privada, antes de que el estribillo tire esa intimidad a una sala. Everlong es una canción de amor con el pulso de un ataque de pánico que decidió ser feliz. Las palabras preguntan si algo podría sentirse tan real para siempre. La banda contesta subiendo el volumen, que no es una respuesta, y la única en la que confían.
Grohl la escribe para The Colour and the Shape, publicado el 20 de mayo de 1997, producido por Gil Norton en Grandmaster Recorders, Hollywood. Toca la batería él mismo. William Goldsmith había empezado el álbum y se fue. Grohl regraba la batería, y Everlong es uno de los temas donde esa decisión es todo el cuerpo de la canción: un baterista que escribe una carta de amor y luego se niega a que otro lleve el tiempo. La letra pertenece a una relación que era, para él, armonía en el sentido literal, dos voces encontrando la misma nota sin negociación. El vídeo de Michel Gondry, un sueño de manos demasiado grandes y un cuento violento, le dio a la ternura una pesadilla donde vivir, lo que le iba a una banda que todavía aprendía a ser pop sin volverse pequeña.
En directo, la canción es la que las salas vienen a terminar. Grohl puede soltar la guitarra y dejar que la sala cargue el estribillo, y la sala siempre puede. La reclamaron bodas. También funerales. Un tema escrito en el desorden de una vida de divorcio, sobre un vínculo nuevo, acabó como voto público. La banda no lo diseñó así. Diseñó un riff que no se sienta, y la gente trajo sus propias ceremonias.
That song’s about a girl that I’d fallen in love with, and being connected to someone so much that not only do you love them physically and spiritually, but when you sing along with them you harmonise perfectly.
(Dave Grohl, Kerrang, 2006)
The Colour and the Shape es un álbum de rupturas y reparaciones. Everlong es la reparación que no suena reparada. Suena urgente, como si el sentimiento pudiera irse si baja el tempo. La producción de Norton mantiene las guitarras brillantes y la voz un poco áspera, para que la belleza no se vuelva la trampa de una balada. Se puede frenar, y Grohl a veces lo hace, con una sola guitarra acústica, y la canción sobrevive porque la melodía nunca dependió de la carrera. La carrera era solo la honestidad sobre lo rápido que llegó el sentimiento.
Lo que queda es un estribillo al que la gente confía sus propios nombres. Pocas canciones de rock de finales de los noventa lograron ser a la vez un sprint y una promesa sin elegir. Esta rechaza la elección. Sigue sonando a alguien que ha esperado, que terminó de esperar, y que querría que la noche estuviera de acuerdo. El acuerdo, en el disco, dura unos cuatro minutos. En la sala, dura lo que la gente pueda sostener la nota.