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Supergrass – La juventud de Oxford que mantuvo la sonrisa en alto

Gaz, Mick, Danny: energía Britpop sin la guerra de disfraces

Supergrass se formó en Oxford en 1993. Gaz Coombes cantaba y tocaba la guitarra, Mick Quinn sostenía el bajo, Danny Goffey la batería. El trío tuvo una breve encarnación anterior llamada The Jennifers antes de que el sonido tomara forma en Parlophone con I Should Coco (1995), grabado en Sawmills en Cornwall con el productor Sam Williams. El teclista Rob Coombes se unió al segundo álbum y se convirtió en un cuarto miembro casi permanente, aunque la química esencial siempre perteneció al trío fundador.

«Caught by the Fuzz» llegó en 1994 como primer single: un relato de dos minutos sobre un encontronazo adolescente con la policía, compacto y sin afectación. «Alright», construido sobre una figura descendente de guitarra y un estribillo pensado para ser coreado sin ensayo previo, se convirtió en la postal más reconocible de la época sobre la juventud sin complicaciones. I Should Coco vendió más de un millón de copias en el Reino Unido. El vídeo de Portmeirion, la banda en viejas motos, encajaba exactamente con el tono de la canción: joven, en movimiento, despreocupado. Supergrass aterrizó en primera plana del Britpop sin inscribirse en la narrativa Blur contra Oasis.

Gaz Coombes creció absorbiendo los Buzzcocks, The Beatles, Sly and the Family Stone y los Kinks. Esa amplitud se nota en la composición. La energía de sierra del primer álbum venía acompañada de un instinto melódico que mantenía las canciones cortas y con resoluciones limpias. In It for the Money (1997), producido por John Cornfield en RAK, fue el paso más claro hacia adelante: «Richard III» lo abría con un ataque más pesado y deliberado, «Sun Hits the Sky» expandía la energía hacia afuera, y «Late in the Day» demostraba que el grupo podía frenar sin perder la atención.

El homónimo Supergrass (1999) disipó cualquier duda residual sobre los orígenes del primer disco. «Pumping on Your Stereo» se convirtió en una constante de los sets de festival. Life on Other Planets (2002) añadió sintetizadores y amplió el abanico armónico sin perder el impulso. Road to Rouen (2005) fue el disco más personal y menos comercial de la serie: más tranquilo, más orquestado, el documento de compositores trabajando a mediados de los veinte desde un ángulo distinto al que usaron a los diecinueve. Diamond Hoo Ha (2008) volvió al terreno más ruidoso. La banda se separó en 2010.

El sonido es más fácil de definir por lo que evita. Sin distancia de escuela de arte, sin capas de ironía, sin dificultad deliberada entre la canción y el oyente. La sección rítmica toca directo y fuerte. Las voces apuntan al estribillo sin pasarse. Los teclados y los metales aparecen cuando el arreglo los necesita de verdad, no como decoración. La producción a lo largo del catálogo es cálida y directa: el toque individual sigue siendo audible, y el carácter de los discos viene de las interpretaciones más que de la mesa de mezclas.

«Alright» apareció en la banda sonora de Clueless en 1995 y encontró público americano a través de una película indiferente a la geografía Britpop. La banda nunca rompió el mercado estadounidense a la escala que sugería el impulso inicial, pero el catálogo fue construyendo un público transatlántico a través de reediciones en streaming que funcionan independientemente del momento Britpop original. Las grabaciones en directo del período aguantan bien: la banda tocaba ajustada, y las canciones no dependían de trucos de producción para sobrevivir en el escenario.

Los conciertos de reunión desde 2011 y la gira del aniversario de I Should Coco devolvieron el debut a los escenarios ante públicos que podían escuchar el catálogo completo con más distancia. La carrera en solitario de Gaz Coombes, especialmente Matador (2015) y World’s Strongest Man (2018), confirmó su alcance como compositor en un registro más experimental, y también aclaró, por contraste, lo que había sido la dinámica del trío: un juego específico entre tres músicos que ningún disco en solitario reemplaza del todo.

Frente a la ambición conceptual de Blur o la mitología del agravio de Oasis, Supergrass operaba con menos aparato teórico pero con un oficio equivalente. «Alright» es el punto de entrada obvio. In It for the Money es el álbum que defiende mejor la larga trayectoria. Road to Rouen es el disco tranquilo que recompensa volver a él más tarde. Seis álbumes en catorce años, y un ratio de estribillos por canción que la mayoría de grupos, en cualquier género, estarían encantados de reivindicar.

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