París, 1970: Gainsbourg convierte doce canciones enlazadas en una noche de teatro
En 1970, Serge Gainsbourg ha escrito éxitos para otros, ha actuado en películas y ha grabado con Jane Birkin. Histoire de Melody Nelson aún no existe cuando el productor teatral Robert Dhéry le pregunta si sus nuevas canciones enlazadas pueden llenar un escenario en vez de dos sencillos.
La oferta nace durante una cena en la rue de Verneuil. Dhéry ha visto la importación londinense de Hair y cree que París necesita una producción más pequeña con canciones más afiladas. Gainsbourg acepta escribir si nadie le pide un final feliz o bailar con un caftán.
Gainsbourg responde con doce páginas tituladas Les Couloirs de verre. La trama sigue a un arreglista francés y una ayudante de vestuario inglesa encerrados una noche en un estudio de televisión mientras pasan decorados de distintos programas.
La primera partitura contiene una melodía que ya recuerda a Ballade de Melody Nelson, pero la muchacha todavía no tiene nombre. Vannier escribe el tema para bajo, cuerdas y una flauta. Sobre el papel dura noventa segundos; el lento paseo de Birkin por el decorado lo estira hasta cuatro minutos.
Birkin acepta interpretar a la ayudante si sus errores de francés permanecen en el diálogo. Gainsbourg conserva tres, inventa otros dos y elimina un chiste cuando ella le dice que el público sabe reconocer a un hombre presumiendo.
Birkin no es contratada como decoración. Interpreta a Anne, la ayudante de vestuario que sabe cómo se sujeta cada ilusión televisiva. El arreglista presume de controlar el sonido mientras ella encuentra el fusible perdido, abre la puerta cerrada y canta la única melodía que el público recuerda en el descanso.
Jean-Claude Vannier es contratado para arreglar la partitura de una pequeña orquesta. Las cuerdas conviven con bajo eléctrico, batería, órgano y una mesa de percusión cubierta de llaves, vasos y un timbre de bicicleta que sobrevive a todas las reuniones de presupuesto.
En el primer ensayo de orquesta, Gainsbourg se sienta detrás del batería y rechaza tres oberturas demasiado pulidas. Vannier pide al bajista que repita cuatro notas descendentes. La secuencia es sencilla, algo amenazante y bastante útil para sostener todos los cambios de decorado.
Los ensayos empiezan en septiembre en el Théâtre de la Gaîté-Montparnasse. A Gainsbourg no le gusta repetir escenas habladas, así que el director Claude Régy marca el suelo con cinta y convierte cada pausa para fumar en una entrada cronometrada.
Los carteles muestran un pasillo vacío y dos tazas abandonadas. No usan el rostro de Birkin ni el nombre de Gainsbourg sobre el título hasta que las reservas se frenan. El productor añade ambos nombres en rojo y la primera semana agota entradas el jueves.
El estreno del 18 de noviembre de 1970 es irregular y llena la sala. Un cambio de decorado se atasca durante cuatro minutos, Birkin canta La Loge 17 ante una pared desnuda y esa sencillez accidental recibe el aplauso más largo.
El estreno atrae a actores de cine, autores de canción y críticos dispuestos a odiar una forma importada. Un tocadiscos falla durante la segunda escena. Gainsbourg sale de entre bastidores, coloca la aguja con la mano y recibe una risa que finge no escuchar.
La crítica parisina se divide según líneas familiares. Algunos hablan de una colección de canciones maquillada para el teatro, mientras periodistas jóvenes celebran que los sonidos de estudio se produzcan a la vista por músicos al fondo del decorado.
France-Soir llama débil al argumento pero imprime la letra de La Loge 17. Combat elogia la orquesta de Vannier. Un crítico de televisión ataca el acento de Birkin y consigue justo la atención que lleva a los curiosos a escucharla.
El álbum del reparto se graba en enero de 1971. Les Couloirs de verre se vende despacio al principio, pero una emisión nocturna de radio convierte La Loge 17 de Birkin en un éxito de primavera.
El espectáculo cambia durante su temporada. Desaparecen dos escenas habladas, la versión de la canción ante la pared desnuda se vuelve definitiva y un dúo cómico llamado Service de nuit pasa antes del descanso. Gainsbourg descubre que el público edita con sus toses más deprisa que un productor con consejos.
Las canciones previstas para Melody Nelson no han desaparecido. Gainsbourg transforma varias en un segundo acto revisado, sustituye el estudio de televisión por un pasillo de hotel y da a la heroína pelirroja una motocicleta que se oye pero nunca se ve.
Philips graba al reparto después de sesenta funciones. Los músicos conocen cada pausa, por lo que el álbum queda terminado en tres días. Vannier añade cuerdas solo a la obertura y deja al grupo de escena expuesto en el resto.
La producción londinense de 1972 es más corta y cómica. Birkin corrige la adaptación inglesa, Gainsbourg se queja de que su torpeza deliberada se haya convertido en gramática correcta y el timbre de bicicleta recibe su propia mención en un periódico.
El material inacabado de Melody se convierte en un personaje nuevo en vez de un disco separado. En la segunda temporada parisina, una mujer pelirroja cruza el pasillo, deja una llave de hotel y desaparece al sonido de una motocicleta. No tiene diálogo, pero las críticas la mencionan primero.
Después de dos años, Gainsbourg vuelve a los discos con otro hábito. Escribe canciones en secuencias, prueba transiciones con actores y conserva pasajes instrumentales lo bastante largos para cambiar un decorado detrás.
Productores londinenses piden una versión inglesa con Birkin como coadaptadora. Ella elimina chistes franceses basados en la pronunciación y añade uno sobre un director incapaz de manejar su propio ascensor. Gainsbourg protesta hasta que el chiste recibe aplausos y entonces asegura que era suyo.
Su obra escénica de 1975 L’Homme à l’envers incorpora a la orquesta músicos de reggae de paso por París tres años antes de que Jamaica ocupe un lugar central en uno de sus álbumes. El ritmo cambia primero la producción y después su trabajo de estudio.
El teatro impone hábitos a su trabajo posterior de estudio. Graba secuencias completas, deja espacio para entradas y pregunta a los técnicos cuánto dura un cambio de cinta. Siguen apareciendo sencillos, pero varios llegan unidos por pasajes instrumentales como si un telón pudiera levantarse entre ellos.
A principios de los años ochenta, productores franceses financian pequeños musicales pop sin tratarlos como curiosidades importadas. Gainsbourg aconseja algunos, insulta a la mayoría y exige que cada orquesta sea visible al menos una vez durante la noche.
L’Homme à l’envers en 1975 reúne a un administrador colonial, una cantante de hotel y un batería jamaicano en el mismo complejo turístico arruinado. La producción recibe ataques desde varios lados, cierra tras nueve semanas y deja una sección rítmica que Gainsbourg lleva después al estudio.
En 1987, Birkin se une a él para una última función benéfica de Les Couloirs de verre. El decorado funciona, el viejo timbre suena a tiempo y Gainsbourg espera entre bastidores la última nota de Birkin antes de dejar caer el telón.
Para la función benéfica de 1987, el pasillo original se reconstruye a partir de fotografías. Birkin encuentra su antigua marca bajo la pintura fresca. Gainsbourg observa junto al atril de Vannier, espera a que termine La Loge 17 y cierra él mismo la puerta de cristal antes del apagón.
Otros autores franceses empiezan a tratar el teatro pop como un lugar de trabajo en vez de un espectáculo extranjero. Michel Berger visita ensayos, Jacques Higelin acepta un encargo escénico y salas pequeñas programan relatos musicales con cinco intérpretes en vez de repartos de cincuenta.