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42 – Coldplay: Coldplay built as a three-part piece with no chorus on Viva la Vida,

Viva la Vida, 2008: tres movimientos, sin estribillo, noveno intento llamado 42

El piano y las cuerdas abren suave, casi como un ensayo privado. Luego el tempo voltea, la guitarra de Jonny Buckland corta, y el tramo final apila loops, batería y más piano hasta llenar la sala. 42, de Viva la Vida or Death and All His Friends (2008), es Coldplay rechazando el mapa verso-estribillo habitual. No hay gancho que gritar a la primera escucha, y justo por eso se queda. La banda llevó unos dos años intentando terminar una canción sin versos ni estribillo. Esta fue la toma que por fin encajó.

Brian Eno marcó las sesiones del álbum, empujando a los cuatro hacia el color y el riesgo en vez de otra copia radio pulida. A finales de febrero de 2008 mezclaban en su sede del norte de Londres mientras Eno se había ido un rato con U2. Rolling Stone pilló a Chris Martin llamando a Buckland para regrabar guitarras después de que alguien dijera que el medio de 42 sonaba a Radiohead. «No hay nada malo en sonar a Radiohead», dijo Martin. «Es solo que, cuando lo oigo en mi cabeza, no suena así.» Contó a MTV que el título era su número favorito, y que cada intento fallido de la misma idea también se llamaba 42. Buckland usó una afinación ostrich, todas las cuerdas en fa, que da al tramo central su mordiente tenso y raro.

Una toma en directo de Madrid en 2008 acabó en el álbum live gratuito LeftRightLeftRightLeft el mayo siguiente. En la gira Viva la canción iba cerca del inicio del set: intimidad de piano primero, luego el medio rock, luego el final apilado que necesitaba un PA limpio. Espacios de televisión como Later… with Jools Holland pusieron la forma en tres partes ante un público de estudio que debía seguir los giros sin estribillo al que agarrarse. Ves a la sala ponerse al día en tiempo real, y ahí está ya la mitad del placer.

Llevábamos unos dos años intentando grabar una canción que no tuviera ningún estribillo y tampoco versos de verdad… y 42 fue la única vez que lo conseguimos.

(Jonny Buckland, sobre 42)

La crítica oyó la influencia de Brian Eno y la ambición. Los fans aprendieron la estructura pasando el álbum dos veces. El tema no necesitaba ser single para importar en el ciclo Viva: demostró que Coldplay podía romper su propia plantilla y llenar arenas sin red de canto colectivo.

Pon 42 otra vez y el piano sigue sonando a comienzo, no a tesis. El salto de guitarra sigue sorprendiendo. El último minuto sigue negándose a resolverse en cántico. Esa negativa es el punto, y por eso la canción sigue siendo uno de los deep cuts más afilados de un disco blockbuster. Dale al play solo por el giro, y quédate a ver con qué limpieza encajan las tres partes cuando ya las esperas.

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