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1979 – The Smashing Pumpkins

Un poema en un semáforo, dejado exactamente como cayó

Una caja de ritmos sostiene un pulso pequeño y terco, más cerca de un coche al ralentí que de una banda que llega. Las guitarras entran tarde, blandas en los bordes, y Billy Corgan canta como si el retrovisor hiciera la mitad del trabajo. 1979 no describe tanto un año como la sensación de tener uno detrás y otro, más grande y en blanco, al otro lado del parabrisas. La voz se queda atrás en la mezcla. La juventud, aquí, no se grita. Se la mira irse, con un tiempo corriente, en un semáforo que tarda demasiado.

Corgan ha contado el tiempo que hacía. Iba en un coche, los limpiaparabrisas en marcha, y la sensación llegó entera: la infancia en el espejo, la vida que esperaba tener todavía delante, ninguna de las dos en sus manos. Escribió un poema y, cosa rara en él, lo cantó sin alterarlo. El título era un nombre que había que ponerle a la sensación. No escribía, en sentido literal, desde dentro de 1979. Ha dicho que lo escribió a mediados de los noventa sobre el borde de tener diecisiete o dieciocho años, un trabajo, un coche, las amarras de casa y del instituto todavía puestas. Cuando la banda estaba metida en Mellon Collie and the Infinite Sadness, Flood oyó un pase y estaba listo para soltarlo. Corgan tomó la duda como un reto, terminó la canción en una noche, y Flood, al día siguiente, la puso en el disco tras una escucha. El doble álbum, producido por Flood, Alan Moulder y Corgan, salió en octubre de 1995, gran parte grabado en Chicago Recording Company.

El vídeo, dirigido por Jonathan Dayton y Valerie Faris, metió a adolescentes en un coche y dejó que la noche hiciera el resto: tiendas, una fiesta, las pequeñas ilegalidades de estar casi ido. Coincidía con la negativa de la letra a culminar. En el escenario los Pumpkins podían convertir cualquier cosa en tormenta, pero 1979 seguía siendo un desliz. La batería en directo de Jimmy Chamberlin espesaba la máquina sin romper su paso. La radio, que había tomado a la banda por grandiosa y herida, tuvo de pronto un sencillo que olía a ventanilla bajada. Se convirtió en la canción que los desconocidos conocían.

Lo había escrito como un poema, y toda la letra es en realidad tal como la escribí. Cuando hice la canción estaba buscando algo, tropecé con el poema y simplemente lo canté.

(Billy Corgan, Variety, 2023)

El truco es el poema sin editar. Los otros textos de Corgan pasaban a menudo por la vergüenza a propósito, líneas guardadas porque le hacían estremecerse. Aquí el estremecimiento era la sensación misma, y dejó las palabras en el orden en que habían llegado al semáforo. Por eso las imágenes no discuten. Shakedown, el año, el pueblo que se deja sin acabarse de ir. El doble disco era una despedida de la juventud dicha desde su último centímetro. Este tema es el centímetro.

Lo que queda es el ralentí. Otras canciones de los Pumpkins asaltan la puerta. 1979 se sienta en el coche contigo y no se ofrece a conducir. El año del título es un señuelo. El tema es el momento en que notas el señuelo, y el semáforo, por fin, se pone en verde.

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