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Baba O’Riley – The Who

Un órgano Lowrey aprende un nombre

El patrón no suena primero a una banda. Suena a una máquina a la que le contaron una vida y que repite las sílabas hasta que se vuelven ritmo. Luego entran los power chords, y Roger Daltrey canta como si estuviera en un campo que fue un festival y ahora es solo basura y cielo. Baba O’Riley se confunde a menudo con una fiesta. La letra es un inventario de los daños después de que la fiesta se fue.

Pete Townshend la escribe para Lifehouse, la secuela abandonada de Tommy, y abre Who’s Next, publicado en agosto de 1971. The Who graban el tema en los Olympic Studios de Londres, produciéndose ellos mismos con Glyn Johns como productor asociado. La figura que burbujea no es un sintetizador de laboratorio, aunque el título lo sugiera. Townshend programa un órgano Lowrey Berkshire, su preset de repetición marimba, con datos que en la fantasía de Lifehouse debían ser los signos vitales de Meher Baba. La otra mitad del título es Terry Riley, el minimalista cuyas vueltas tenía en el oído. Cuando la idea de meter a un gurú en una máquina falla como ingeniería, el preset del órgano hace el trabajo. Dave Arbus, de East of Eden, toca el violín que sierra la canción hacia la salida, un instrumento folk arrastrado a un baldío adolescente.

En directo, la canción se vuelve lo que su letra temía: una celebración. Las multitudes gritan la línea de estar wasted como si fuera un brindis. Townshend ha pasado décadas explicando que hablaba de la desolación de Woodstock y de la basura después de la Isla de Wight, no de un permiso. Daltrey la sigue cantando como una llamada. La contradicción es ya la interpretación. Al órgano no le importa quién tiene razón. Sigue burbujeando, indiferente y exacto.

I concocted this organ sound through a synthesizer, which you hear bubbling away in the back of Baba O’Riley. So the two names together were Baba, for Meher Baba, and O’Riley for Terry Riley, and it’s O’Riley because it sounded a bit Irish at the end.

(Pete Townshend, petetownshend.net)

El malentendido no es un fracaso del disco. Es la prueba de que un riff puede ganar a una frase. La gente necesitaba un himno para la mañana siguiente, y la banda había escrito uno por accidente que también describía esa mañana con desprecio. La batería de Keith Moon, una vez que entra, hace imposible la discusión. No puedes quedarte quieto en ese estribillo y decir que solo escuchas. El violín, absurdo en el papel, es la parte que salva la canción de ser solo potencia. Suena a una feria que cierra.

Lo que queda es un título que casi nadie canta y un estribillo que casi nadie entiende, que es una victoria muy de The Who. Baba O’Riley sigue abriendo salas. Se sigue usando para el deporte y para películas que quieren juventud sin resaca. El patrón de órgano, paciente como una rueda de oración, recuerda la instrucción original: traducir a una persona en notas. La persona era un maestro silencioso. Las notas se volvieron un grito. Las dos siguen en el tema si dejas terminar la intro antes de levantar el puño.

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