Bienvenido al mundo de las crónicas objetivamente subjetivas.
 

Nancy Boy – Placebo

Una tonalidad mayor, un poco de carmín

Los acordes son casi vergonzosamente bonitos, un impulso de rock clásico que el cantante casi tira por ser demasiado fácil, y luego llega la voz fina, nasal, encantada de que la miren. Nancy Boy se pavonea. También inventaría una noche que no se va a ordenar en chico-conoce-chica. La batería está impaciente. El bajo camina como alguien con botas un poco demasiado altas para la acera. El glamour, aquí, no es un vestuario. Es una defensa con la que se puede bailar.

Brian Molko lleva los acordes a Stefan Olsdal después de demearlos en un cuatro pistas prestado, preocupado de que fueran demasiado mayores, demasiado mainstream, para una banda que quería a Sonic Youth en el bolsillo. Olsdal oye un hook y rechaza la duda. La canción está en Placebo, el debut publicado en junio de 1996, producido por Brad Wood, y la versión del sencillo, principios de 1997, se regraba con Steve Hewitt a la batería en lugar de Robert Schultzberg. Entra en el top cinco británico. Molko ha descrito la letra como una recuperación de los insultos lanzados a un chico de pelo largo, delineador y esmalte, y como una corrección de la bisexualidad de moda de la época que, a su juicio, no se había vivido. Top of the Pops recibió quejas de espectadores que no sabían qué estaban viendo. La banda tomó la confusión como prueba de trabajo hecho.

En directo, la canción es un desfile pequeño. Molko se inclina al micrófono como si la sala le debiera una disculpa y fuego. Los acordes bonitos, de los que desconfiaba, son exactamente la razón de que la maldad viaje. Una banda de ruido puede esconderse. Esta sonríe mientras enumera el daño. El público, a menudo vestido como la canción, canta las mismas líneas que debían asustar a quienes miraban.

Nancy Boy was about reclaiming the homophobic insults that were hurled at me every time I went out because I had long hair and wore eyeliner and nail polish.

(Brian Molko, The Guardian, 2026)

La fama del tema lo aplastó, un tiempo, en un eslogan sobre la androginia. Bajo el eslogan hay un trabajo de pop: un hook que Molko creía demasiado normal, salvado por la sonrisa de un compañero, grabado dos veces porque cambió el baterista, y apuntado, en la letra, a un encuentro callejero muy concreto. Melody Maker lo cita en enero de 1997 diciendo que no es una canción de chico conoce chica, que es el eufemismo y el manifiesto. La tonalidad mayor es la trampa. Vienes por la melodía. Te vas habiendo repetido una historia de fealdad y deseo que no pide resolverse.

Lo que queda es el placer de ser mal leído y luego temido con razón. Nancy Boy solo suena a 1997 en la ropa. El nervio es más viejo, el nervio de Little Richard, el nervio de quien entra en un bar y decide que la mirada irá con música. Los acordes siguen bonitos. La boca no se disculpa. Esa combinación no ha pasado de moda, porque la calle que describe tampoco.

Post Tags
Share Post
No comments

LEAVE A COMMENT