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London Calling – The Clash

Wessex Studios, finales de 1979: doble álbum más allá de la valla punk

A finales del verano de 1979, el primer uniforme punk empezaba a apretar, y The Clash respondió grabando un doble álbum que se negó a quedarse en un solo carril. London Calling, producido por Guy Stevens en Wessex Studios, mezcla rockabilly, reggae, ska, R&B y rock directo en las mismas caras. Joe Strummer, Mick Jones, Paul Simonon y Topper Headon tratan el género como una caja de herramientas. El tema título abre como una alarma: Strummer nombra el río, el error nuclear y el club que no cerrará.

Las sesiones corren en los Wessex Sound Studios, unas cinco o seis semanas desde agosto, con Guy Stevens en la producción y Bill Price en la ingeniería. A Stevens no lo contratan por el orden. El grupo ha descrito una sala regida por el caos: sillas, vino, un productor que dirige con todo el cuerpo porque las canciones necesitan un tiempo atmosférico, no una cuadrícula. Strummer y Mick Jones salen de un bloqueo de escritura y de un cambio de management. Lo que sale del otro lado es un grupo que ha decidido que el punk era un tempo de salida, no una frontera. Reggae, ska, rockabilly, R&B de Nueva Orleans, un poco de lounge, un poco de hard rock: cada estilo se toca como si el grupo hubiera crecido en él, porque, por trozos, así fue.

Spanish Bombs mira una guerra civil y un presente en el mismo aliento. Lost in the Supermarket, cantada por Jones, es el suburbio como una especie de exilio, fluorescente y solo. Clampdown y Death or Glory discuten con la ambición misma. The Guns of Brixton le da a Paul Simonon su primer lead de verdad, una canción de bajista sobre la presión y un barrio que no necesita traducción. Train in Vain se termina tan tarde que las portadas ya están impresas; se esconde al final de la cara cuatro, sin aparecer en la lista, y luego se vuelve el hit que América oye primero. Brand New Cadillac y Revolution Rock son versiones tratadas como noticias. Las canciones originales les contestan con la misma tinta.

No quería que la usaran. Me parecía que estaba desenfocada.

(Pennie Smith, sobre su foto de Paul Simonon en el Palladium, Nueva York, 21 de septiembre de 1979)

La portada es la otra mitad del argumento. El 21 de septiembre de 1979, en el Palladium de Nueva York, Pennie Smith fotografió a Simonon clavando su bajo en el escenario. El encuadre está borroso. Ella lo creyó inutilizable. Ray Lowry puso el lettering rosa y verde en eco del primer álbum de Elvis Presley, una broma privada que se volvió la cara pública del disco. Una banda rompiendo su instrumento, vestida con la ropa de la música que se supone que había matado: eso es London Calling en una foto. No un rechazo del pasado. Un rechazo a ser solo un capítulo de él.

Lo que dura es la anchura. Muchos grupos en 1979 podían tocar más rápido. Pocos podían sostener una canción de amor, una de guerra y una comedia sobre rudies en la misma hora sin que se vieran las costuras. The Clash lo hizo tratando el género como caja de herramientas y no como voto. Baja la aguja donde sea. La alarma sigue sonando, y alguien en la sala aún intenta bailar con ella.

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