Waters tras The Wall, sin Wright
The Final Cut llegó el 21 de marzo de 1983 (Harvest / Columbia), presentado como «a requiem for the post-war dream by Roger Waters, performed by Pink Floyd». Richard Wright ya estaba fuera. La aportación de David Gilmour fue limitada; Nick Mason siguió a la batería. Michael Kamen y James Guthrie produjeron con Waters. El álbum creció a partir de ideas sobrantes de The Wall y de la rabia de Waters ante la guerra de las Malvinas y la política thatcheriana. Es el último álbum de estudio de Floyd con Waters en el grupo.
La secuencia es casi un relato en solitario de Waters con marca Floyd. Orquestación y metales colorean baladas como The Gunner’s Dream y The Fletcher Memorial Home. Your Possible Pasts y One of the Few cosen personajes de la era Wall al nuevo brief. Not Now John es el single duro: estribillo gritón, Gilmour a la voz en el gancho, una ráfaga de rock contra los temas de réquiem más quietos. La foto de portada de Willie Christie muestra una figura uniformada con medallas; ya no hay prisma Hipgnosis.
Las sesiones corrieron por varios estudios británicos a mediados y finales de 1982. La tensión en la sala de control forma parte de la historia documentada: Waters empujaba el concepto, Gilmour pedía más música y menos discurso. El LP terminado aun así entró alto en listas británicas y estadounidenses, llevado por el nombre y por Not Now John como puerta de radio.
Era muy mucho el disco de Roger. El resto estábamos para tocar lo que hacía falta para esa historia.
(Nick Mason, sobre The Final Cut)

Tras el lanzamiento, Waters se fue; Gilmour y Mason siguieron con Pink Floyd sin él. Los remasters mantienen The Final Cut en el catálogo junto a The Wall, a menudo oído como coda amarga más que como favorito del público. Los vídeos oficiales de Not Now John y The Fletcher Memorial Home siguen enmarcando cómo se vio la campaña de 1983.
Vuélvelo a poner y el argumento sigue siendo directo: guerra, traición de la promesa de posguerra, una banda reducida al marco del autor. The Final Cut es Pink Floyd al final de la era Waters, un réquiem que suena al brief de un solo hombre más que a un compromiso a cuatro.