Funda casi blanca, treinta salas separadas
En noviembre de 1968, The Beatles (el White Album) llegó como doble álbum en una funda casi vacía. Tras el concepto disfrazado de Sgt. Pepper, la banda grabó un lote ecléctico, a menudo en salas separadas en Abbey Road y Trident: folk en fingerpicking, hard rock áspero, collage de musique concrète, bromas de music-hall. George Martin produjo; Eric Clapton tocó el solo invitado de «While My Guitar Gently Weeps». La portada lisa de Richard Hamilton numeró las primeras prensaiones como ediciones de arte.
«Back in the U.S.S.R.», «Dear Prudence», «Helter Skelter», «Blackbird», «Revolution 1», «Julia»: el disco rechaza un solo humor. La tensión interna se oye en la dispersión, pero el pico de escritura sigue brillando. Es menos un concepto que un almacén de cuatro autores que aún comparten una marca.
Lo que dura es el permiso que dio: la banda más grande del planeta poniendo exceso e intimidad en el mismo plástico. Los fans siguen discutiendo por qué disco empezar; esa discusión forma parte de la vida del álbum.
Blackbird singing in the dead of night. Take these broken wings and learn to fly.
(Paul McCartney, Blackbird, The Beatles (White Album), 1968)

Publicado el 22 de noviembre de 1968, The Beatles sigue siendo la página en blanco que no quiso quedarse en blanco. Ábrelo y treinta salas siguen negándose a ordenarse en un solo estilo.