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A Case of You – Joni Mitchell

Una canción de amor que no se arrodilla

El dulcémer empieza solo, un dibujo seco y claro, más cerca de una mesa de cocina que de un estudio, y la voz de Joni Mitchell entra como si la conversación llevara ya una hora.

A Case of You se grabó en 1971 en los estudios A&M de Hollywood para Blue, que Mitchell produjo ella misma, con Henry Lewy en la ingeniería. Ella toca el dulcémer de los Apalaches. James Taylor toca la guitarra acústica, sobria, sin apretarla nunca. La letra se abre con una línea tomada de Shakespeare y luego rechazada: constante como la estrella del norte, le dicen, y ella responde que la estrella es constante en la oscuridad, y que si la quiere la encontrará en el bar. Es coqueteo e interrogatorio en el mismo aliento. La jactancia famosa, que podría beberse una caja de él y seguir en pie, es devoción y aviso. No se dejará tumbar. El álbum salió en junio de 1971, y todavía suena a alguien que se quitó la armadura y se quedó con el nervio.

Ha resistido el trabajo de detective. Preguntada, años después, para quién era la canción, la llamó una canción de amor, nada más, y dijo que el arte a veces junta algo que pasó aquí con algo que pasó allá hasta que la junta parece una verdad entera. La interpretación no necesita el nombre. En el dulcémer los acordes son simples, la afinación es suya, y la voz, cerca del micrófono, deja pasar las pequeñas roturas. No hay baterista que diga dónde debe caer el sentimiento. Se sigue la respiración.

Es una canción de amor. Eso es todo. Es arte. A veces escribes exactamente lo que viste, pero otras veces tomas algo que pasó aquí y lo pones con algo que pasó allá.

(Joni Mitchell, Mojo, 2008)

Otros la han intentado, Prince entre ellos, atraídos por la melodía y por la negativa que lleva dentro. Las versiones tienden a endulzar la jactancia o a oscurecer el pesar. El original hace las dos cosas a la vez, y guarda humor en la línea del bar, donde la canción sigue siendo humana. Mitchell, aquel año, no tenía, según lo que dijo después de Blue, casi ninguna defensa. La ventaja, añadió, era que la música tampoco las tenía. Se oye en el modo en que se apoya en una palabra y luego la suelta, sin ganas de impresionar.

Lo que queda es un estándar que no se porta como tal. Se ha dicho tantas veces que es su mejor minuto que la frase se ha ablandado, y aun así la grabación no adula a quien escucha. Una caja de ti, y ella está de pie. El dulcémer guarda su luz seca. La guitarra de Taylor es un segundo pensamiento, no una cama. El amor, en esta canción, incluye el derecho a seguir intacta, una promesa más dura que el para siempre, y más adulta.

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