Una despedida dicha con voz pareja
El piano eléctrico marca un pulso calmo, casi alegre, y la voz de Carole King entra desde la cama, quedándose toda la mañana solo para pasar el tiempo, ya más allá de la pelea.
Las palabras son de Toni Stern. Las escribió rápido, dijo después, en unos veinte minutos, un día en que estaba triste y buscaba un amor que no encontraba, y llevó la página a King, que la puso en el piano y halló la música en más o menos una hora. Ese era su método en Laurel Canyon. It’s Too Late se grabó para Tapestry en los estudios A&M de Hollywood, con Lou Adler en la producción, y salió como sencillo en la primavera de 1971. La guitarra de Danny Kortchmar se queda seca. El saxo tenor de Curtis Amy toma el estribillo instrumental y lo hace sonar a tarde de ciudad, no a llanto. Charles Larkey toca el bajo. El álbum, publicado en febrero de 1971, convirtió a King de autora del Brill Building en la persona de la sala, y esta canción fue la que la radio no pudo soltar.
Estuvo en el número uno en América cinco semanas, y luego cedió el sitio a la versión de James Taylor de You’ve Got a Friend, escrita por King. En 1972 ganó el Grammy a la grabación del año. King ha dicho, sin apropiarse las frases, que la letra de Stern habla por la gente que se divorcia. Stern se negó a nombrar al hombre. El rumor señalaba a Taylor, con quien había estado. La canción no necesita el nombre. Algo por dentro ha muerto, y ella no va a fingir. La calma de la voz es el asunto. El pánico habría sido más fácil, y menos cierto.
Estaba bastante triste, buscando el amor, sin poder encontrarlo. Y me llegó la primera línea, y el resto de la canción fluyó. Apenas recuerdo una reescritura.
(Toni Stern, NPR)
En directo, King la toca sin teatro. La mano izquierda sostiene la figura, la voz se queda nivelada, y la sala entiende que la decisión ya está tomada. Por eso el disco sigue dentro de las rupturas ajenas, mucho después de 1971. No acusa. Advierte. El saxo, cuando vuelve, es casi amable, lo cual es más cruel que un grito. Adler mantuvo las sesiones cercanas y rápidas, una banda pequeña, una autora en su piano, sin inflar un final privado hasta volverlo espectáculo.
Lo que queda es el tempo adulto. Las despedidas del pop suelen dar un portazo. Esta dobla una camisa. La primera línea de Stern, la mañana en la cama, es lo bastante ordinaria para ser de cualquiera, y la melodía de King la levanta justo lo necesario para que se recuerde, sin convertirla en ópera. Entre las dos escribieron el sonido de una relación que de verdad lo intentó, y luego se detuvo. El estribillo no suplica. Dice la hora, y la hora ya pasó.