Bienvenido al mundo de las crónicas objetivamente subjetivas.
 

Criminal – Fiona Apple

Un éxito escrito antes de quitar la mesa

El piano llega ya culpable, una figura grave que no se anuncia tanto como confiesa. Fiona Apple canta pegada al micrófono, seca como una cerilla, y carga una acusación que se niega a suavizar para la sala. Criminal no coquetea. Enumera. El estribillo pide un abogado, y el groove, paciente y un poco agrio, mantiene las paredes lo bastante cerca para que nadie se escape antes del último compás. Se oye el aliento entre las frases, el aire que deja una confesión después de la peor oración.

La escribió bajo presión, y nunca fingió lo contrario. En 1996, durante las sesiones de su debut Tidal con el productor Andrew Slater, un amigo la pinchó por no estar escribiendo. Apple respondió ausentándose a la hora del almuerzo y volviendo con una canción. Cuarenta y cinco minutos, diría después, porque necesitaba un hit. Slater armó el tema alrededor de ese piano y de su voz, y dejó el arreglo cerca, nada cinematográfico: un bajo que camina en lugar de pavonearse, una batería que se niega a apurar la culpa. Tidal apareció ese año, ella tenía dieciocho, y Criminal esperó hasta 1997 para convertirse en el sencillo que la radio no sabía archivar.

El vídeo, dirigido por Mark Romanek, hizo visible el argumento y luego lo convirtió en escándalo. Apple, en ropa interior entre modelos en una casa destrozada, parecía a la vez dueña de la escena y acorralada. Contó a Interview que el rodaje era una misión personal, una forma de plantarse frente a un espejo que solía evitar, y que el golpe de ego de ser mirada era exactamente lo que describía la canción. En el escenario el tema se quedó más pequeño que su reputación. Lo cantaba como si el juicio siguiera abierto, sin convertir el estribillo en un guiño.

Escribí Criminal en 45 minutos, mientras todos se iban a comer, porque tenía que tener un hit. Puedo obligarme a hacer el trabajo, pero solo si alguien está justo detrás de mí.

(Fiona Apple, Pitchfork, 2012)

La reacción llegó puntual. La crítica oyó explotación, o a una adolescente obligada a interpretar su propia acusación. Apple oía una página de diario que se había escapado. El famoso discurso de los MTV Video Music Awards, el que pedía a una industria que fuera consigo misma, se sentó al lado de la canción e hizo buscar un manifiesto. Lo que había era más estrecho y más duro: una joven nombrando el truco que ya sabía hacer, y odiando que funcionara. La lista Modern Rock lo subió al top cinco. El Hot 100 se detuvo en el veintiuno. La incomodidad duró más que ambas cifras.

Lo que queda es la figura de piano, todavía incapaz de resolverse en inocencia. Los discos posteriores se volvieron más extraños, más largos, más blindados, pero Criminal guarda la temperatura inicial: una habitación, una hora de almuerzo, un reto aceptado por despecho. No pide perdón. Pide que se le crea, que es una petición más fría, y la que el disco no ha dejado de hacer desde que se quitó la mesa.

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