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A Little Respect – Erasure

Una canción pop que pide y no grita

Una secuencia de acordes claros se abre como una ventana por la mañana, las máquinas de Vince Clarke ya sonríen, y Andy Bell entra con un pedido tan simple que podría pasar inadvertido, y esa es la osadía.

A Little Respect la escribieron Clarke y Bell para The Innocents, grabada en 1988 y producida por Stephen Hague, el hombre que sabía hacer sonar a un dúo británico de sintes como un disco de radio sin lijar la voz. Bell canta como si el sentimiento fuera urgente y los modales todavía importaran. La letra pide ternura en un amor que se deshace, y pide, en las mismas frases, algo más amplio: ser tratado como una persona. En 1988 ese segundo sentido no era un comunicado. Bell estaba fuera del armario. La canción no se detiene para anunciarlo. Pone el pedido en un estribillo que se puede cantar sin discurso, y por eso llegó al número 4 en Gran Bretaña y al top veinte americano, y por eso se ha cantado desde entonces en salas que necesitaban exactamente esa frase.

El arreglo es Clarke en su versión más generosa. El bajo se mueve, los acordes suben en el estribillo en vez de agacharse, y hay sitio para que Bell abra la vocal de respect hasta volverla el gancho. Hague deja la voz delante y las máquinas limpias. Nada se enfurruña. Erasure ya tenía éxitos. Este parecía un apretón de manos que también era un principio. En directo, Bell conduce al público por el título como si fuera a la vez un paso de baile y una exigencia. La exigencia no ha caducado. La gente se la grita todavía, algunos porque es una melodía, algunos porque la melodía decía la cosa.

La escribí durante el periodo de la Section 28, y estaba harto de toda esa gente que me decía qué hacer, cómo vivir mi vida.

(Andy Bell, entrevista)

El disco se sienta en un año de house y de rock de estadio y no imita a ninguno de los dos. Es una canción, en el sentido viejo, con un puente, una súplica y un cantante capaz de hacer que una nota alta parezca una buena noticia. Clarke, que había escrito Just Can’t Get Enough y Only You y luego esto, seguía demostrando que dejar bandas no era dejar la melodía. Bell les daba cuerpo a las melodías. Juntos, en The Innocents, hicieron su álbum más completo, y este tema es el que conocen los extraños, el que suena a sol y es, si se escucha, una corrección.

Lo que queda es el tamaño del pedido. No el mundo, no una revolución anunciada en la primera línea, solo un poco de respeto, que resulta enorme cuando se niega. La música rechaza la amargura. Ese rechazo es político del modo en que el pop puede serlo, haciendo que la dignidad se pueda bailar. La voz de Bell en la cima no está enfadada. Está clara. Los acordes de Clarke están de acuerdo con él. Entre el brillo y el pedido, la canción ha seguido siendo útil, un destino más raro que la fama y, para un disco sobre cómo tratar a alguien, el destino correcto.

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