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Fast Car – Tracy Chapman

Un estribillo que solo llega cuando se lo ha ganado

Una guitarra acústica enuncia una figura circular pequeña, casi tímida ante el micrófono, y la voz de Tracy Chapman entra ya en medio de una vida, un trabajo, un padre que bebe, un plan que es sobre todo un coche.

Tocó Fast Car para el productor David Kershenbaum el segundo día que se vieron, en Nueva York, una canción que no estaba en la cinta que le habían mandado. Supo, ha dicho, que podía ser enorme, y también que las radios de 1987 estaban ocupadas con otros tamaños. La grabaron en su estudio de Los Ángeles para el álbum Tracy Chapman, publicado en 1988 en Elektra. Cantó y tocó en directo. Larry Klein tocó el bajo, Denny Fongheiser la batería, elegidos después de que Kershenbaum probara otras parejas contra su guitarra. No hay Auto-Tune, no hay heroísmo pegado. El estribillo no llega en mucho tiempo, lo que preocupaba a quienes conocían las reglas de los sencillos. Él no lo movió. La canción es la espera, y luego la salida, un fill de toms como una carretera que se abre, y luego la espera otra vez.

En junio de 1988 la tocó en Wembley, en el concierto por el septuagésimo cumpleaños de Nelson Mandela, y un público de televisión que no pensaba conocerla la conoció. El sencillo viajó después. La letra no es una metáfora de la ambición en el sentido alegre. Es una pareja que intenta dejar una ciudad que los retiene, un trabajo en la caja, una promesa de encontrar empleo en la ciudad y vivir juntos, y el lento saber de que el coche rápido es un bucle. Ella nunca decoró la historia en las entrevistas. La grabación no necesita que lo haga. Kershenbaum la dejó delante. Todo lo demás está para hacer más grandes la guitarra y la voz quedándose pequeño.

El segundo día, dijo: tengo otra canción que acabo de terminar. ¿Te la puedo tocar?

(David Kershenbaum, Billboard)

La canción se ha versionado hasta que las versiones son un género, y en 2023 una versión country la devolvió a las listas, lo que probó el esqueleto y no probó nada que el original no supiera ya. La versión de Chapman sigue siendo la que suena a una persona en una sala, no a una producción sobre una persona en una sala. La línea pequeña de guitarra del principio es suya, tocada en directo, no una muestra de atmósfera. El bajo de Klein es un suelo. Fongheiser espera, y luego abre el estribillo como una decisión. Se oye que nunca había tocado con una banda, y se oye que no importaba, porque el tiempo estaba en sus manos.

Lo que queda es el condicional. Si tuviéramos un coche rápido, podríamos irnos. El si es toda la canción. Chapman no concede la huida. Canta el deseo, la cerveza, el padre, el trabajo, el estribillo repetido que se vuelve más triste cada vez que promete velocidad. La apuesta de Kershenbaum, que un disco quieto podía tocar a la gente si se le dejaba oírlo, se ganó en público en Wembley y luego en privado, en coches, que es la sala correcta. La figura de la guitarra sigue girando. La ciudad sigue detrás. El semáforo sigue en verde, y ella sigue decidiendo si se va.

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