Un esprint de local de ensayo que le ganó al bombo hasta la tienda
La guitarra es rasposa a propósito, un golpe hacia abajo que suena como si el cable formara parte del instrumento. La voz de Alex Turner entra ya a mitad de frase, sin aclararse la garganta, una noche de Sheffield contada a la velocidad de la noche. I Bet You Look Good on the Dancefloor no construye un humor. Da por hecho que ya estás en el club, o en la cola, y tiene un trabajo: la mirada, el intento, el chiste que también es un reto. La banda es lo bastante joven para que la prisa no sea un estilo elegido después de opciones más calmas. Es el único tempo que tenían. Matt Helders pega como si fueran a quitarles la canción. La guitarra de Jamie Cook está de acuerdo. El bajo evita que se caigan, apenas, que es el encanto.
La grabaron con el productor Jim Abbiss, en The Chapel, en Lincolnshire, y en 2 Fly, en Sheffield, para un primer sencillo que Domino sacó en octubre de 2005. Llegó al número uno en Gran Bretaña. El disco, Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not, siguió en enero de 2006 e hizo lo mismo, una primera semana que hizo parecer lento el bombo previo. Turner ha descrito las primeras canciones como observaciones de salir, escritas rápido, en el local, no como literatura y no como un plan para avergonzar a la prensa de Londres. Esta es la más simple de las observaciones. El título es la tesis. Bailar, mirar, el pequeño teatro de una sala en una ciudad que no debía exportar sus fines de semana. Internet ya había hecho circular los demos.
En televisión la tocaron como si las cámaras fueran un insulto leve. La toma era lo bastante en directo para guardar el raspado. Las consonantes de Turner hicieron el resto, una velocidad del norte que los subtítulos nunca han atrapado del todo. La canción se volvió la puerta que todo el mundo usó, y luego se quejaron de que la puerta era todo lo que conocían. El disco de detrás es más mezquino y más gracioso. Este tema es la invitación, y las invitaciones no están obligadas a ser toda la casa. En directo, una década y más después, sigue arrancando el esprint. Las salas devuelven el título como un hecho. Turner las deja. Ha crecido otra voz.
Todo salió de ese golpe de batería del principio. Esa fue la primera parte de la canción, ese trozo de batería. Yo toco el lead, pero de verdad no recuerdo cuándo pasó, ni siquiera en qué local de ensayo estábamos.
(Alex Turner, NME, 2014)
Lo que la prisa esconde es lo terminado que está el chiste. La apuesta del título no se gana en la letra. Se ofrece y se deja. Eso es más adulto de lo que el tempo sugiere. Una banda tan fuerte sobre una pista podría haber mirado con lascivia. En cambio enumeran: las luces, la oportunidad, el modo en que una noche se convence de su importancia. La producción de Abbiss mantiene la enumeración seca. No llegó un barniz para hacer que Sheffield sonara a revista. El número uno era la revista. El disco siguió siendo un local al que se permitió, brevemente, ser el centro de la semana.
Lo que queda es el raspado. I Bet You Look Good on the Dancefloor la puede cantar gente que nunca ha hecho cola en esa ciudad, y sigue sonando a cola. El bombo ha sido reemplazado por la nostalgia, que es otra distorsión.