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You Oughta Know – Alanis Morissette

Una estrofa que no va a ordenarse

Un bajo entra ya enfadado, deslizándose, y la voz de Alanis Morissette lo sigue sin calentar, a mitad de frase, como si quien escucha hubiera entrado en una llamada que debía quedarse en privado.

You Oughta Know la escribieron Morissette y Glen Ballard y se grabó para Jagged Little Pill, publicado en 1995, en los Westlake Studios de Hollywood, con Ballard en la producción. Flea toca el bajo. Dave Navarro la guitarra. La combinación no es tanto un truco de invitado como un acuerdo de temperatura: músculo funk bajo una voz que se niega a ser bonita. Escribieron gran parte del álbum rápido, canción tras canción, en el estudio de Ballard, y esta llegó entera. Ella no nombró a la persona. Ha mantenido esa negativa. Años después Dave Coulier dijo que creía que la canción era sobre él. Ella no lo confirmó. El disco no necesita el nombre para hacer su trabajo. Es una lista de humillaciones, de sexo, de una novia nueva, cantada a un volumen que la radio de 1995 no estaba segura de poder emitir, y que emitió igual.

Ballard ha descrito las sesiones como un sitio donde ella no censuraba el sentimiento y él no se lo pedía. Se oye. La voz no es una rabia pulida hasta volverla sencillo. Es rabia con una melodía lo bastante fuerte para sobrevivir al desorden. El estribillo es casi pegadizo, que es la trampa. Lo cantas, y luego oyes lo que estás cantando. Maverick lo publicó y lo vio tomar las radios de rock, una cantante canadiense que había sido un acto pop adolescente y había tirado esa piel en público. La batería golpea como una puerta. La guitarra de Navarro no tanto soléa como raspa. El bajo de Flea es la columna del argumento, inquieto, incapaz de sentarse con educación en el bolsillo.

Ella no se contuvo. La escribimos de una sentada, y yo no iba a pedirle que fuera educada.

(Glen Ballard, sobre las sesiones de Jagged Little Pill)

En directo, la canción es una válvula para salas llenas de gente que ha querido decir la estrofa y no la ha dicho. Ella todavía la canta como si la tinta estuviera fresca, que es una disciplina, no un accidente. El álbum alrededor es más ancho, más gracioso, herido en otras direcciones. Este tema es el que derribó la puerta. Padres protestaron. Programadores pitaron. Los pitidos la hicieron más famosa, historia vieja, y la versión sin pitidos es la que importa, porque las palabras concretas son el asunto. Un eufemismo habría sido otra canción, más segura, más pequeña.

Lo que queda es el destinatario. You oughta know. El you nunca tiene cara, y la omisión es más cruel que un nombre, porque cada oyente puede poner uno. Morissette en 1995 no buscaba que le cayera bien a la persona que se fue. Buscaba que la oyeran. La producción de Ballard, fuerte y seca, le da esa escucha. Treinta años después, el bajo sigue sonando a alguien que da vueltas, y la voz sigue sonando a alguien que decidió que la dignidad, esta vez, puede incluir la frase fea. La frase fea es la razón de que el disco siga en la sala, sin invitación, y en lo cierto.

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