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Zombie – The Cranberries

El nombre de un niño dentro de la distorsión

La guitarra no tintinea. Muele, un peso que los Cranberries no le habían pedido a sus sencillos, y la voz de Dolores O’Riordan llega alta y luego se rompe hacia abajo en una palabra que no es una metáfora que ella acepte suavizar. Zombie. Zombie, de No Need to Argue en 1994, es una protesta que rechaza la tonalidad educada de sus baladas. La batería golpea como una puerta. La voz da vueltas a la misma acusación hasta que la acusación es el gancho. En tu cabeza, en tu cabeza, están llorando. No va a cambiar de tema para que el estribillo sea más fácil de vender.

La escribió después de las bombas de Warrington de 1993, en las que murieron dos niños, Johnathan Ball y Tim Parry. Estaba lejos de Irlanda, vio las noticias, y la rabia no se ordenó en bandos. La banda grabó No Need to Argue con Stephen Street, en The Manor, en Oxfordshire, y en Townhouse, en Londres, y esta canción inquietó a quienes los habían archivado en lo delicado. La guitarra de Noel Hogan es el argumento en hardware. Street no la lijó hasta otro Linger. El sencillo llegó a lo alto de las listas en Europa y Australia, una subida más lenta en Gran Bretaña, un vídeo de O’Riordan pintada de oro entre niños, dirigido de un modo que hacía que la belleza misma acusara.

Dijo, en la prensa alrededor del disco, que la canción iba del niño y de la negativa a importarle qué bandera llevaba la violencia. Esa llaneza es el método de la letra. No hay acertijo. Hay un cargo repetido de lo que hay en la cabeza de la gente que sigue peleando. En el escenario se volvió el momento en que el set dejaba de ser nostálgico. Podía sostener la nota hasta que doliera, y la banda no la rescataba con un acorde más bonito. La versión de estudio ya es esa cosa de directo, solo que más cerca. Se oye el aliento. Se oye la decisión de no ser encantadora.

Va de un niño que murió en la bomba de Warrington. No me importa si es protestante o católico. La violencia tiene que parar.

(Dolores O’Riordan, 1994)

La canción sobrevivió al año y, terriblemente, a la cantante. El público todavía la grita de vuelta, a veces como un rugido general, lo que honra la melodía y se arriesga a olvidar los nombres. El disco mismo no generaliza. Guarda la palabra zombie para un entumecimiento concreto, el que deja que una guerra siga en un país pequeño mientras la radio pone algo más dulce. No Need to Argue está lleno de otras temperaturas. Este tema es el que golpea la mesa.

Lo que queda es la molienda y la nota alta, uncidas a propósito. Zombie es una nana que recogió un pedal de distorsión y no quiso soltarlo. Los niños siguen siendo el tema. El riff solo está para que no puedas pasar a la habitación de al lado y decir que no oíste.

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