Unos metales que se niegan a sermonear
Una fanfarria, casi impertinente, y luego las congas toman la canción por la muñeca. Move On Up no se planta en un púlpito. Camina, rápido, y la voz tiene que seguir sin convertir la caminata en un discurso. El falsete de Curtis Mayfield llega como una mano en un hombro, no un dedo en una cara. El mensaje es un ánimo, encargo peligroso, porque el ánimo se pudre en cartel en cuanto el groove se vuelve educado. Este groove no es educado. Está ocupado, orgulloso, y es largo.
Lo escribe y lo produce para Curtis, su primer álbum en solitario después de los Impressions, publicado en septiembre de 1970 en su propio sello Curtom, grabado en los estudios RCA de Chicago. La versión del álbum dura casi nueve minutos, con un falso final y un tramo donde la voz se va y los metales, el bajo y la percusión siguen la discusión sin palabras. Las congas de Henry Gibson son tan lead como la voz. El sencillo, editado, llega al top veinte británico en 1971 y hace menos en casa, insulto familiar a las canciones que se niegan a terminar cuando termina la radio. Mavis Staples ha dicho que Mayfield, su vecino en Chicago, quería escribir como los Staple Singers, y que Move On Up fue el primero que trajo. Su padre, Pops, lo oyó y lo reclamó. Las canciones sociales del mismo álbum son más duras, más oscuras. Esta es la puerta de salida.
En directo, la versión larga es el asunto. No se recorta una marcha. Bandas han pedido prestados los metales para sus propios discursos de ánimo y a veces han olvidado que el de Mayfield incluye la complicación, la línea que admite que la vas a encontrar. La admisión es por lo que el impulso no insulta. No promete un camino despejado. Promete el tempo.
The first one Curtis wrote was Move On Up and he came round and played it to us and Pops said, that’s my boy.
(Mavis Staples, Mojo)
El tema se sienta en un linaje que ya había empezado con los Impressions, Keep On Pushing, We’re a Winner, y nombra ese linaje en voz alta hacia el final de la letra, un autor que se cita sin vergüenza porque la cita es el método. Keep pushing nunca fue un eslogan que guardara. En Curtis la banda es más grande, el funk más apretado, el falsete sigue siendo el mismo instrumento de persuasión. Los samples han llevado los metales a otras décadas. El préstamo funciona porque la figura ya era una muestra de alegría, loopeable antes de que el loop fuera una industria.
Lo que queda es una canción que se puede poner en una protesta y en una fiesta sin mentir en ninguna de las dos salas. Move On Up sigue sonando a Chicago en 1970 decidiendo que la desesperación no tendría el único micrófono. Los nueve minutos no son indulgencia. Son el tiempo que hace falta para decirlo en serio. Cuando la voz se va, la banda no. Ese es todo el sermón, y no necesita alzacuello.