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Windowlicker – Aphex Twin

Una cara pop estirada hasta que los rasgos no se sostienen

El breakbeat es indecentemente prieto, un chasis de hip-hop con los tornillos a la vista, y luego la melodía se emborrona, demasiado dulce, demasiado cerca, una tonada que podría ser una canción de amor si la canción de amor hubiera empezado a derretirse. Richard D. James, como Aphex Twin, pasa los primeros minutos de Windowlicker dejándote creer que has puesto un sencillo pulido. La batería es el pulido. La armonía es el chiste, salvo que no es solo un chiste. Es preciosa de un modo que vuelve incómoda la preciosidad, que es su clima particular. Voces, afinadas y cortadas, charlan en los bordes. El tema es largo para una canción pop y corto para la inquietud que renueva.

Warp lo sacó en marzo de 1999, James produciéndolo él mismo, un sencillo con Formula detrás, en la temporada en que su cara se había vuelto una marca que podía distorsionar. El título es argot británico, feo a propósito, una palabra para alguien que mira y lame un cristal. Lo eligió como elegía muchos títulos, por el roce. El vídeo de Chris Cunningham tomó el roce y lo hizo un anuncio de seis minutos de un canal peor: una limusina, mujeres, una playa, y luego las caras, la sonrisa de James multiplicada hasta que la belleza y la sonrisa son la misma prótesis. Cunningham ha descrito el trabajo como empujar el lenguaje del vídeo de hip-hop hasta que se volviera horror y publicidad a la vez. El disco no necesitaba las imágenes para ser inquietante. Ayudaron. Juntos hicieron un hit que sabía a un reto que ya habías aceptado al darle al play.

En la radio el edit intentó civilizar un tema que trata del fracaso de civilizar. En los clubes el break bastaba, y la gente bailaba la parte pulida mientras el derretimiento ocurría sobre sus cabezas. James nunca ha sido un explicador fiable. Ha dicho, en los años alrededor del sencillo, que le gustaba hacer cosas que sonaban accesibles y luego no lo eran, una forma de hip-hop con el fantasma equivocado dentro. El fantasma es la melodía. Se puede tararear. Tararearla se siente como aceptar algo que no has leído. Ese es el diseño, y por eso la canción sobrevivió al shock del vídeo. El vídeo envejeció en un escándalo conocido. La batería no envejeció.

No tiene nada que ver con Richard. Es totalmente cosa mía. La participación de Richard consistió en sentarse en la playa frente al rodaje y jugar al ajedrez.

(Chris Cunningham, NME, 1999)

Lo que el funk esconde es lo poco de consuelo que el funk ofrece. Un window licker, en el argot, es una crueldad. Poner esa crueldad sobre un break hermoso no es una canción de protesta y no es una broma que termina. Es el hábito de James de hacer cómplice al oyente, el mismo hábito que la sonrisa del vídeo, de la que te ríes y luego notas que sigues mirando. El éxito del sencillo, una presencia real en las listas para un disco tan torcido, probó que la complicidad era popular. No suavizó los discos siguientes para perseguirla. La persecución ya había ocurrido, en los primeros compases, cuando creías saber qué clase de canción era.

Lo que queda es el derretimiento. Windowlicker sigue empezando como un regalo y sigue como un examen. El argot del título no se ha vuelto más amable. El break no se ha vuelto menos físico.

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