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Hallogallo – Neu!

Una carretera recta con nubes encima

La batería empieza como si un coche llevara ya una hora en marcha, un pulso claro y estable, sin estrofa que esperar, y una guitarra pone notas largas encima, como un tiempo que cambia en una autopista.

Neu! grabó Hallogallo en diciembre de 1971 en Hamburgo con Conny Plank, para el álbum Neu!, publicado al año siguiente. Michael Rother tocó la guitarra. Klaus Dinger tocó el beat que otros llamarían motorik, una palabra que Rother trata con cuidado, prefiriendo la imagen que de verdad usaban: un movimiento de avance rápido, una carretera recta, nubes y colores pasando. No escribieron la pieza. Tocaron, de noche, en invierno, y Plank, que podía recordar cada buen compás, organizó las guitarras. En un momento dio la vuelta a la cinta. Rother tocó sobre el sonido al revés, y Plank la volvió a girar, de modo que una línea nueva corre hacia atrás bajo el impulso. Diez minutos, y casi ninguna armonía donde esconderse.

Rother ha llamado al tema uno de los más optimistas que conoce, una afirmación extraña para un disco hecho en la oscuridad por dos hombres que no serían una banda en el sentido ordinario. Pensaban Neu! como un proyecto. Cuando tocaban juntos, existía. El optimismo no es lírico, porque no hay letra. Es direccional. La música no mira atrás. La batería de Dinger es el asfalto. La guitarra de Rother es el cielo. Plank es la razón de que las dos cosas no se emborronen. Más tarde, cuando se oyó Autobahn, o a cien bandas robando un beat recto, se oían primos de esta apertura. El original sigue sonando más estrecho, y más libre, que sus hijos.

Hallogallo tiene este ambiente muy optimista. Es uno de los temas más optimistas que conozco.

(Michael Rother, Electronic Sound)

En el escenario, en los primeros años, la pieza era difícil de reconstruir. Tenían poco equipo, un fuzz, un delay, un wah, y el público imaginaba un laboratorio. El disco es más humano que ese mito. Se oyen pequeñas irregularidades en el beat, una guitarra que florece y luego se adelgaza. Rother ha dicho que ni ahora sabe del todo cómo se armó, y que la memoria de Plank era parte de la composición. Ese es el crédito más alto de un productor: no un sonido, una estructura. El tema abre el álbum porque tenía que abrirlo. Todo lo que sigue es una variación de haberse ido ya.

Lo que queda es la sensación de un viaje sin cartel de destino. Ninguna ciudad tiene nombre. Ningún cantante dice cómo se siente la libertad. La libertad es negarse a cambiar de acorde solo para demostrar que se puede. Cuando una armonía aparece en otra parte del disco, Rother ha dicho que tuvo que pensar mucho antes de permitirla. Aquí, apenas. La flecha vuela. Cincuenta años después, la carretera sigue recta, las nubes siguen pasando, y el baterista, difícil, brillante, ausente, sigue siendo el motor con el que no se discute.

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