Un piano que no aterriza, persiguiendo una crecida de Joy Division
Dos pianos, o un piano que se niega a resolverse, martillean una figura que tropieza y luego rechaza el tropiezo como excusa para parar. La voz no entra durante mucho tiempo. Cuando James Murphy canta, ya está a mitad de una lista: las cosas que haces de joven, las drogas, las noches, los amigos que eran el punto. All My Friends son siete minutos y medio de una fiesta que sabe que se acaba y deja las luces igual. El bajo y la batería llegan como gente que estaba en la cocina. Nada en el tema es un drop. Es una acumulación, y la acumulación es el sentimiento que perseguía.
Lo escribió, con Pat Mahoney y Tyler Pope, para Sound of Silver, de 2007, desde las salas de DFA en Nueva York, Murphy al final de los treinta y harto de fingir que el final de los treinta era una nota al margen. Contó a Mojo en enero de 2008 que no sabía por qué la canción golpeaba a la gente, salvo que era un poco triste y la gente es vieja. Intentaba perseguir el sentimiento de Transmission de Joy Division, algo que empieza suave y se vuelve abrumador, la cabeza explotando cuando se ordena el baile. Oía el mismo deseo en un disco de Arthur Russell, Go Bang de Dinosaur L, el deseo más simple: ver a todos sus amigos a la vez, tener la oportunidad de volver. La repetición del piano debe algo al minimalismo, el tipo de patrón que parece un error y no lo es. Pitchfork y Mojo llamaron al tema el mejor del año. Los lectores de The Guardian hicieron algo parecido. Los votos eran para una canción sobre lo difícil que se vuelve reunir los votos.
En directo, la figura es una prueba de resistencia y de sentimiento. Murphy grita where are your friends tonight como si la pregunta siguiera abierta, y las salas contestan siendo los amigos, una amabilidad en la que la letra solo cree a medias. La canción no regaña a la juventud. Echa de menos su escala, la vela demasiado grande para el barco, una metáfora que ha usado en otra parte y que este tema no necesita decir. Se oye la falta en la negativa del piano a cadenciar. Una balada habría llorado y terminado. Esta mantiene la fiesta técnicamente en marcha.
No sé. Es un poco triste y la gente es vieja. Intentaba a propósito perseguir un sentimiento que saqué de Transmission de Joy Division, que empieza tan suave y se vuelve tan abrumador.
(James Murphy, Mojo, 2008)
Ha dicho, después, que All My Friends es una de las canciones en las que acertó algo, no necesariamente la mejor escrita, la que clavó su punto como un cocinero clava un pollo. La modestia es exacta. El punto no es listo. Es el deseo de tener a todo el mundo en una habitación antes de que la habitación cambie de función. Escribirlo a los treinta y siete, sobre un piano que parece haber aprendido su parte de Steve Reich y una resaca, era la edad correcta. Más joven, y la tristeza habría sido un disfraz. Más viejo, y el disfraz quizá habría ganado.
Lo que queda es el no aterrizaje. All My Friends sigue sin querer sentarse. Los amigos del título son un censo que el cantante sabe que va a fallar, y el fallo se baila, no se confiesa en una canción más pequeña. Si viniste por el drop, tienes lo contrario: una subida que no corona, y una pregunta que el bombo es demasiado educado para contestar.