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One Nation Under a Groove – Funkadelic

Una mezcla de mesa que se volvió un país

El groove llega ya sonriendo, un bajo que rueda en vez de clavar, una guitarra que comenta de lado, un estribillo que suena a juramento escrito por gente que acaba de bajar de un autobús. One Nation Under a Groove no recluta. Da por hecho que ya estás dentro, y el único formulario son los pies. George Clinton quería seda, ha dicho, el tacto de Dionne Warwick con Burt Bacharach, liso y aun así funky. El resultado es menos una jam que una procesión. Se oye a la sala decidir, en tiempo real, que esta no se iba a editar hasta la obediencia.

El título no es un invento de estudio. Después de un concierto en Washington, dos chicas, LaTanya y Darlene, se acercaron al coche y le dijeron a la banda que había sido como una nación bajo un groove. Clinton ha dicho que supo al instante que tenía que ser una canción. Tenía el hook. En el estudio improvisó el resto una vez sentado el ritmo. Junie Morrison, recién llegado de los Ohio Players, estaba en la jam con Bernie Worrell, Garry Shider y los demás, con equipo que acababa de salir de cajas Yamaha. Los autores del tema son Clinton, Morrison y Shider. Clinton produce. Intentaron una mezcla de verdad, con ecualizadores y paciencia, y perdió. La mezcla que fue a la radio fue la de la mesa, la que la sala ya había aceptado. El álbum, One Nation Under a Groove, sale en 1978 en Warner Bros. El sencillo se instala en el número uno de la lista de R&B. Funkadelic, el gemelo más sucio de Parliament, había escrito su disco más acogedor y se negó a ordenarlo.

En directo, el juramento es el show. Ready or not, y un público que conoce la respuesta. La línea de bailar para salir de las constricciones es toda la política, bastante pequeña para un canto, bastante grande para que la hayan pedido prestada personas que nunca compraron el álbum. Clinton tomó feet don’t fail me now de una frase de película vieja y un so high you can’t get over it del gospel vía los Temptations. La nación es un collage. Por eso cabe en tantas bocas.

They said: it was like one nation under a groove. As soon as I heard that, I knew it had to become a song.

(George Clinton, The Guardian, 2018)

La historia de la mezcla de mesa importa más que la mitología. Una banda capaz de sobreproducir cualquier cosa eligió la toma que todavía tenía aire. Se oye ese aire. La voz está dentro del groove en vez de encima, y por eso el estribillo suena a multitud aunque sean pocas personas. La escuela Ohio Players de Morrison, los teclados suaves, el rechazo del pánico de Sir Nose, lo convierten en la investidura después de los discos de guerra de Parliament. Flash Light había acorralado al enemigo. Este lanza la fiesta y olvida cerrar la puerta.

Lo que queda es una constitución que se puede bailar. One Nation Under a Groove sigue sonando a 1978 decidiendo que la pertenencia sería rítmica o no valdría el papeleo. Las chicas de Washington nombraron un país. La banda lo grabó antes de que nadie convirtiera el nombre en un eslogan con traje. Cuando la mezcla de la radio es la de la mesa, oyes el momento en que lo supieron. No necesitaban una segunda opinión. El groove ya había votado.

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