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Round Midnight

Dexter Gordon en París, 1959 en pantalla

Dale Turner habla despacio, dejando silencios entre frases como si cada una hubiera que ganársela. Round Midnight, de Bertrand Tavernier, estrenada en 1986, encarga a Dexter Gordon el papel de un saxofonista ficticio en el París de 1959, un compuesto de Lester Young, Bud Powell y la propia carrera de Gordon. François Cluzet es Francis, un coleccionista francés que oye el desgaste en el toque y aun así ofrece una habitación. La trama es una amistad entre músico y fan. El tema es el coste de otra noche de trabajo cuando el oficio es el jazz y el cuerpo ya ha dado demasiadas noches.

Gordon no era actor de oficio, y por eso la interpretación cuesta de copiar. Toca su propio tenor. Deja que los silencios se queden. El sombrero, las gafas y el cansancio van unidos al trabajo, no al vestuario. Herbie Hancock escribió la banda sonora y ganó el Oscar a la mejor partitura original, un premio raro para música que debía funcionar como atmósfera sin empujar al llanto. En el club que la película llama Blue Note, Hancock, Billy Higgins, Bobby Hutcherson y el resto no miman una sección rítmica. Tocan. La cámara aguanta lo bastante para oír cómo un solo elige su siguiente frase. Lonette McKee pasa como un amor antiguo, visita breve con voz.

Tavernier, francés empapado de cine americano, evita el cuento de exilio habitual. París no es un premio por haber sobrevivido a Estados Unidos. Es una habitación más pequeña, un regreso a pie más frío, un público que escucha y un negocio que sigue pagando mal. Francis quiere salvar a Dale y quedarse cerca de la música; la película deja ambos motivos en pie. El título es la balada de Thelonious Monk, un recordatorio de que la melancolía ya estaba en el repertorio antes del guion. Gordon recibió una nominación al Oscar al mejor actor y la lleva como lleva una frase: sin precipitar el último compás.

Es un músico, no un actor, y aun así ningún actor podría haber dado esa interpretación, con su dignidad, sabiduría y dolor.

(Roger Ebert, Chicago Sun-Times, 1986)

Las películas de jazz suelen hacer trampa cortando el toque a un adorno. Esta confía en que el público mire a hombres trabajando. Blues y jazz, archivados juntos en un sitio como este, comparten esa ética: el tiempo es el instrumento. Round Midnight trata una balada como la noche entera, no como una pausa entre escenas. Cuando Dale alza el saxo, la historia se aparta. Los biopics de la misma década querían confesión y derrumbe a horario. Tavernier quería el sonido de un hombre que aún no se ha derrumbado, que podría, y que es, en esos compases, exacto.

La película termina como un set, no como un sermón. Alguien ha sido oído. Alguien ha cambiado al escuchar, que no es lo mismo que ser redimido. Gordon murió en 1990, y la interpretación sigue siendo una habitación a la que se puede entrar. Round Midnight sigue siendo el film musical que trata un solo como un acontecimiento dramático igual a un beso o un golpe. En el Blue Note, bajo un letrero legible, un saxofonista termina una frase empezada antes de la película. La luz del piso se queda un poco más de lo necesario. Ese minuto de más es el cuidado del montaje.

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