Una idea fresca en Compass Point
El bajo llega ya bailando, una línea tan elástica que podría cargar una letra más ligera, y luego Linda Womack canta como si las lágrimas fueran un hecho y el ritmo una decisión de no ahogarse en ellas. Cecil responde, no como un compañero de dúo que se luce, como un hombre en el mismo clima. Teardrops, de Conscience en 1988, es soul que ha aprendido la caja de ritmos sin entregarle el sentimiento. El gancho es lo bastante simple para gritarlo en un club europeo y lo bastante tierno para sobrevivir al grito. Pasos. Lágrimas. Las dos palabras no dejan de cambiarse el sitio.
Lo escribieron juntos, marido y mujer, Linda hija de Sam Cooke, Cecil de los Valentinos y de la larga sombra de Bobby Womack. El álbum se hizo en Compass Point, en Nassau, Chris Blackwell produciendo con ellos, la Mountain Man Band alrededor de las canciones, Vince McCartney en la ingeniería. La Island de Blackwell tenía la costumbre de dejar voces americanas sentarse en una sala caribeña hasta que el ritmo se aflojara. Este tema usa esa holgura y luego aprieta el estribillo hasta que no se puede confundir. El sencillo salió en agosto de 1988 y no hizo casi nada en casa. Gran Bretaña lo metió en el top cinco. Europa lo cantó en idiomas que no necesitaban la trama.
Cecil le dijo a un periodista aquel verano que estaban cansados de escribir con un encargo comercial, y que habían ido a buscar ideas frescas, no afectadas, del tipo que oían en gente que no intentaba complacer un formato. Conscience es el documento de ese giro. Teardrops es la canción que demostró que el giro también podía ser un éxito, que es otro problema. La letra es una relación en la que uno deja rastros, llamadas, pasos, y el otro los cuenta como agua. Nada en el arreglo llora. La batería es demasiado orgullosa. Ese orgullo es el argumento: puedes nombrar el daño y seguir moviéndote.
Queríamos dar con ideas frescas, no afectadas. Habíamos estado en un par de discográficas y todo estaba tan empeñado en ser comercial. No nos apetecía escribir así.
(Cecil Womack, UPI, 1988)
En las pistas el tema se volvió un estándar de cierta elegancia de finales de los ochenta, luego sampleado y vuelto a tocar por gente que no había visto la portada. En directo, los Womack podían estirar la llamada y la respuesta hasta que el título era un cántico. La versión de estudio es la que todavía cabe en una cocina y en un club, lo que es más raro que cualquiera de las dos. El timbre de Linda no pide lástima. Informa la cuenta. La armonía de Cecil es la mano en el hombro que no finge que la cuenta está a cero.
Lo que queda es ese rebote, indecentemente alegre bajo un inventario triste. Teardrops es un disco sobre ser dejado que rechaza el tempo de ser dejado. Compass Point, un productor que sabía cómo debe respirar una sala, y dos autores que habían decidido que la idea que la industria tenía de una canción soul estaba demasiado doblada. Los pasos siguen llegando. La canción guarda el tiempo.