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Don’t You Want Me – The Human League: Oakey cuenta la historia desde su lado

Oakey cuenta la historia desde su lado

Un bajo de sintetizador marca cuatro tiempos y Philip Oakey empieza la historia desde su lado: la encontró, la convirtió en una cara conocida y no puede creer que se marche.

The Human League grabó Don’t You Want Me para Dare en Genetic Studios, en Reading, con Martin Rushent a la producción. El álbum salió en Virgin en octubre de 1981. Oakey construyó la letra a partir de un fotonovela de revista juvenil y del argumento de A Star Is Born: un hombre descubre a una camarera, la hace estrella y la pierde. Jo Callis y Philip Adrian Wright montaron primero un arreglo de synth más duro. Rushent y Callis lo suavizaron para la radio. Oakey odió la versión suave. La consideró el tema más flojo del disco y la colocó al final de la cara B. Susan Ann Sulley canta la respuesta, la camarera que trabajaba en un cocktail bar. El detalle estaba cerca de la realidad: a ella y a Joanne Catherall las habían fichado en un club de Sheffield el año anterior, aún sin ser cantantes. Simon Draper, de Virgin, pidió un cuarto single. Oakey se opuso y solo aceptó si el single de siete pulgadas llevaba un póster, para que los fans no se sintieran engañados con un relleno.

Fue el número 1 de Navidad en Reino Unido en 1981 y llegó al número 1 del Billboard Hot 100 en 1982. Oakey sigue sin entusiasmarse. En 2014 dijo a Classic Pop que el tema pudo vender cifras enormes, pero que o lo había oído demasiadas veces o el resto de Dare lo dejaba atrás. El público nunca compartió ese ranking. El dúo es la clave. Su estrofa no se disculpa. Ella trabajaba, él la eligió, ahora es famosa y, como canta, cinco veces más. Él escribió una queja. El arreglo le sigue dando a ella las mejores líneas.

Don’t You Want Me puede haber vendido gazillions, pero o la he oído demasiadas veces o el resto de Dare va tan por delante que la deja en la sombra.

(Philip Oakey, Classic Pop, 2014)

En directo la pelea es puesta en escena. Él a un lado, ella al otro, y el público canta las dos partes, incluida la amenaza del último estribillo que la pista trata como romance. La letra es la de un hombre que no suelta. El mix de Rushent es limpio y brillante: batería seca, synths apilados, voz delante. Ese barniz vende la amenaza. La voz de Sulley, aún novata pero precisa, evita que el disco sea solo el monólogo de Oakey. Ella suena como quien ya ha cerrado la conversación. Él sigue argumentando.

Queda un hit que su autor archivó como error. Dare tiene temas mejor construidos según Oakey, pero este llevó la historia, las dos voces, el póster y el chart navideño. El relleno que ocultó es la canción que recuerda 1981. El cocktail bar quedó en la letra porque era un trabajo real, no una imagen. Su estrofa sigue decidiendo el single. El hombre que no quería publicarlo sigue obligado a cantar la pregunta en cada gira.

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